Como en todas las grandes ciudades son necesarios pequeños consejos y sugerencias que seguramente consigan que su estancia sea un poco más cómoda, y eviten sorpresas inesperadas:
• Aunque teóricamente se aceptan tarjetas de crédito en la gran mayoría de establecimientos en Roma, la experiencia dicta que es conveniente llevar en el bolsillo o la cartera siempre algo de dinero en metálico: frases como “No me funciona hoy el lector de tarjetas” o “Tienen que venir a arreglárnoslo” seguramente las tenga que escuchar más de una vez durante su estancia en la capital italiana.
• Occhio al portafoglio. Con esta frase de aviso, es el propio Comune di Roma – el gobierno municipal de la ciudad- el que nos advierte en diversos ámbitos, como por ejemplo el metro o los autobuses, para que tengamos cuidado con nuestras carteras (ojo a la cartera, es la traducción exacta). En efecto, es consabido el alto número de sustracción de monederos en ciertas zonas de la ciudad, sobre todo en los alrededores de la estación central de Termini, y a bordo del metro, donde esta campaña la lleva a cabo un simpático dibujo animado de un pobre ladrón al que siempre le sale todo mal, muy famoso en la ciudad.
• En cuanto a las propinas, llamadas ‘mancia’, normalmente no están tan extendidas como en otras capitales turísticas. De todas formas, no se haga ilusiones de poder ‘ahorrar’ en este sentido, ya que en la mayoría de establecimientos le cobrarán el extra a lo que usted realmente pidió en concepto de coperto, servizio, pane... o todos ellos.
• Un elemento curioso que sorprende en una ciudad de aspecto tan decadente, poco cuidada y poco limpia como Roma es la relativa modernidad de sus aseos: en la gran mayoría de aseos públicos, está extendido el sistema del pedal para hacer salir el agua del grifo, evitando de este modo el tener que ensuciarnos nuevamente las manos para cerrarlo. Cuando no está presente este sistema, generalmente existen otros como los grifos automáticos, o el grifo largo tipo sala de operaciones. Señalar de semejante modo que las cisternas suelen ser bastante modernas en su gran mayoría, con sistema de pulsadores en la pared.
• En cuanto a la mejor época para visitar la ciudad, obviamente depende de gustos personales, pero por regla general podemos señalar que el verano, sobre todo obviamente los meses de julio y agosto, son calurosísimos debido a la situación geográfica de la ciudad y a la gran humedad de la que dispone, debida al paso del rio y a la relativa cercanía de la costa (apenas 20-25 km en línea recta). Si finalmente decide ir en esta época, siempre podrá optar por acercarse una tarde a la playa de Ostia, o refrescarse en alguna fuente como las existentes cerca del edificio del Ara Pacis, del mismo modo en que lo hacen multitud de turistas, aunque debe saber que teóricamente está prohibido. En esta época, principalmente hasta la segunda semana de agosto, cuando la ciudad prácticamente se vacía por completo, se desarrolla l’estate romana, un increíble programa de actividades por toda la ciudad, como exposiciones, conciertos, cines de verano…es increíble la vida que se respira en estos días. De noche puede pasear por las orillas del rio, donde se montan puestos efímeros de comida, bebida y otras actividades lúdicas.
El invierno es mejor época en el sentido que evidentemente baja un poco el número de visitas de grupos de turistas organizados a la ciudad y los tiempos de espera en los monumentos. Sin embargo, notará que anochece tremendamente temprano, sobre las 4:30 de la tarde, lo que unido a la escasísima iluminación urbana y también de la mayoría de monumentos, confiere a la ciudad un áurea completamente diversa de aquella que tiene en épocas de luz como la primavera o el verano.
En otoño, si tiene la suerte de que no llueva, no sería una mala época para visitar la ciudad, ya que en caso contrario, entendería que la ciudad con el primer sistema de alcantarillado del mundo, parece que no lo ha evolucionado mucho, más de 2.000 años después. En efecto, cuando llueve en Roma, la ciudad se convierte en un sitio bastante incómodo, lleno de charcos e incluso imposibilidad de atravesar por ciertos lugares.
Por todo lo anteriormente descrito, la mejor época es la primavera, época en la que por regla general se puede disfrutar de una agradable temperatura, donde los días se van haciendo más largos y donde ciertas zonas de la ciudad, como por ejemplo la escalinata de la famosísima Plaza de España se cubren de plantas y flores, confiriéndole un encanto especial.
• Hay que tener en cuenta que todo lo que Roma puede ofrecernos no se puede descubrir en 2 ó 3 días – gente que ha vivido allí largas estancias después de un año todavía tiene iglesias o museos que visitar…- Por tanto, recomendamos visitar en el tiempo que se disponga de los monumentos que se pueda, sin estresarnos, dejando también momentos para realizar paseos y contemplar los panoramas que ofrece la ciudad, así como para perderse por sus callejones o disfrutar de un helado, café o cena tranquilamente. Siempre habrá tiempo para volver en el futuro a seguir disfrutando.
• Un detalle curioso es el concepto que los italianos en general y los romanos en particular, poseen de los españoles. Aunque a alguno pudiera parecerle que pudieran existir ciertos sentimientos de rivalidad o envidia entre países, para decidir cuál de los dos, España o Italia, es más bonito o por temas deportivos por ejemplo, nada más lejos de la realidad: en Italia adoran la lengua española, les encanta, muchos chapurrean o intentan chapurrearla, les parece especial y bonita – como quizá a nosotros el italiano – y cada vez más lo estudian, incluso en la escuela. También les encanta nuestro carácter, el que seamos tan abiertos; nos consideran sus hermanos dentro de Europa, y admiran nuestro carácter festivo y nuestra energía nocturna. Los jóvenes conocen sobre todo Barcelona, Lloret de Mar e Ibiza, aunque también son muy famosas ciudades como Valencia, Sevilla, Granada, Madrid o Salamanca.
• Quizá resulte un poco difícil acostumbrarse a los horarios de comidas, ya que en Italia, como prácticamente en toda Europa excepción hecha de nuestro país, este horario se adelanta considerablemente. De este modo, el almuerzo tiene lugar sobre las 13:00 horas y la cena sobre las 20:00. Señalar que el italiano por regla general realiza un desayuno de pie en el bar en el que toma un café expreso o cappuccino con un cornetto (cruasán) simple o relleno de la famosa nutella, crema o mermelada.
• Destacar que probablemente Roma sea una de las capitales de la Europa occidental menos y peor preparadas para las personas con discapacidades físicas. Por la calle son muy abundantes los obstáculos que este tipo de personas deben evitar, no existiendo en multitud de ocasiones ni siquiera rampas para salvar la diferencia de altura entre acerado y calzada. El estado de las aceras es malo por regla general, y el pavimento a base de “san pietrinis” –adoquines- no facilita la circulación para este tipo de discapacitados.
• Por último, no se extrañe si después de haber pasado 4 ó 5 días en la ciudad, vuelve a casa con la cartera rebosante de tickets de compra: son los famosos “scontrinos”, que pueden ser solicitados por la guardia di finanza, para controlar que el intercambio comercial haya sido legal y luchar teóricamente de este modo contra el comercio sumergido…